Gestión del cambio: La Administración en la encrucijada

26 de octubre de 2020

Dice Jaime Rodríguez de Santiago en su aclamado blog Kaizen que, si trajéramos con una máquina del tiempo a alguien de siglos pasados, podría morir de la impresión. Y que, sin embargo, a esa persona un viaje a cualquier siglo anterior no le supondría grandes cambios. La vida se está acelerando , y los avances que se dieron en el siglo XX a lo largo de cien años, se han multiplicado exponencialmente en lo poco que llevamos de este. Anticipar lo que va a vivir la siguiente generación es difícil de imaginar, pero será tan apasionante como vertiginoso.

En este entorno de cambio continuo, nos encontramos con que el liderazgo lo llevan quienes cargan con mochilas más pequeñas y dedican su talento a trabajar desde nuevos ángulos. Las empresas emergentes (incluso las que acaban convirtiéndose en grandes tecnológicas) basan su éxito, precisamente, en esa anticipación al cambio. De ella se benefician también las empresas que son capaces de reinventarse. En el camino van quedando las que no supieron reaccionar. Y así, un nuevo orden va imperando en el mundo.

¿Y dónde se sitúan las administraciones en esta foto de familia? Desgraciadamente, la mochila es tan grande en la función pública que, por lo general, no se ha dado por aludida . ¿O sí? El imperio romano es muy vasto, pero ojo: cuando nos acercamos, vemos alguna aldea gala que está plantando cara a la situación.

Hace unos días asistí a las jornadas que organizó el Cabildo de Tenerife, «Nuevos desafíos de la administración local». Me sorprendió el contenido de la invitación: aires de renovación en la institución para la que trabajo desde hace casi tres décadas. ¿Un disparo al aire o algo más?

Foto: Diario de Avisos

Abrió la jornada el presidente del Cabildo, Pedro Martín. Si el jefe galo está aquí, es que se lo cree. Pero además, en un discurso claro y directo, termina declarándose «en rebeldía contra las trabas que se ponen a la ciudadanía para hacer sus trámites, con más de 600 tipos de formularios, gestiones presenciales antediluvianas y una lentitud que no es signo de rigor sino de falta de eficacia». Me parece un buen comienzo.

Detrás de él, el secretario de Estado de Función Pública del Gobierno de España, Francisco Hernández Spínola, se lanza a la piscina y afirma que las organizaciones han de evolucionar, al menos, con la misma rapidez que su entorno: «El plan de reconstrucción de España tiene diez políticas-palanca, y la cuarta es la Administración Pública como promotora de la innovación y la transformación. El 5% de los recursos del plan se van a destinar a ello, para lograr administraciones eficaces e inclusivas, ágiles y transparentes y que impulsen la digitalización».

Nos adelanta, además, varios titulares potentes: «La reforma de la ley de Función Pública que se presentará en breve servirá para organizarla, no en función de lo que tenemos, sino de lo que la sociedad necesita». Eso abarca mejorar la gestión de los recursos humanos (trabajo por objetivos, evaluación de las políticas públicas, formación transversal, organización del teletrabajo —que afecta a más de 2,5 millones de empleos públicos—, modernización del sistema de selección del funcionariado, que será ágil y permitirá atraer nuevos talentos…) y reformar la contratación pública, que hoy es un gran cuello de botella.

Por su parte Julio Pérez, consejero de Administraciones Públicas del Gobierno de Canarias, es tajante: «La innovación no es un punto de llegada, sino un proceso permanente. Eso es difícil de aceptar, porque el ser humano tiende a la estabilidad. Pero es obligado: los cambios que se avecinan son continuos».

Y puntualiza que modernizar no es digitalizar. No es cambiar de soporte, del papel al pdf: eso no es suficiente. Hay que avanzar en tres caminos: simplificar los procedimientos, innovar en la selección de un funcionariado público con nuevas habilidades (no sólo conocimientos), e incorporar elementos de medición al trabajo que realiza, mediante índices de eficacia abiertos a la ciudadanía.

Hasta ahí la voz de la Administración en la jornada, que me sorprende por su autocrítica, visión y unidad de acción. ¿Esto cuándo ha pasado en el Cabildo y por qué?

Pues quizá por lo que explica a continuación el consultor Xavier Marcet cuando apunta que la innovación no va de tecnología, sino de personas. Y que no se trata de coleccionar pruebas piloto, sino de prepararnos en conjunto para innovar. De quitarle corsés a la administración -como son las RPT- y ganar en flexibilidad en la gestión de las personas para crecer, atraer y retener talento.

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Y siendo cuestión de personas, empiezo a entender el calado del paso que se ha dado con el diseño y puesta en marcha del Plan de Modernización del Cabildo Insular de Tenerife 2020-23, que se ha presentado en sociedad. Porque confluye la visión de la consejera Berta Pérez con la eficacia del director insular Daniel González, que modernizó la administración de El Hierro y ahora está insuflando aires nuevos a Tenerife; la colaboración de Nauzet Gugliota, consejero al que no conocía pero que convenció a la audiencia con su exposición sobre el proceso participativo que se ha seguido con la plantilla en peso y con la ciudadanía; y la apuesta decidida e imprescindible de Lidia Pereira desde la dirección insular de recursos humanos sobre cuyos hombros pivota ahora gran parte de la transformación planificada.

Este grupo de trabajo me hace sentir que otra administración es posible. Y no solo porque el plan de modernización que ha ideado bebe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y de sólidos principios de ética y transparencia. Sino porque, aunque la pandemia impidió que el plan se aprobase antes, sus equipos se dedicaron a trabajar sin descanso durante el confinamiento para poner la acción por delante del predicamento. Y así, el Cabildo pudo presentar ayer unos indicadores óptimos del vertiginoso impulso dado a la administración digital en estos meses, y que ya no tiene vuelta atrás.

Volviendo al principio de este artículo, no se nos escapa que el futuro de los territorios pasa por su transformación en espacios inteligentes . Eso supone ser sostenibles, tecnológicos, accesibles, innovadores y participados. Y ahí el papel de las administraciones es vital para asegurar todos estos aspectos, que nos conducen a la prosperidad y al bienestar social, lo que no deja de ser el mejor sentido que podemos darle al cambio.

Nos esperan tiempos difíciles. Pero como se dijo en el cierre de la jornada, «aunque no hay innovación sin riesgo, el mayor de los riesgos será siempre no innovar». Larga vida a la administración del futuro.

Este artículo fue originalmente publicado en el periódico Diario de Avisos 

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